Artículo especial en el marco del Día

Mujeres – el motor de la lucha social (Ilustración: Anna Theißen)

Voces de mujeres activas en el trabajo en pro de los derechos humanos y de las Paz en Centroamérica

Cinco entrevistas del Programa Regional de la AGEH / Servicio Civil para la Paz Centroamérica, una de las cuales fue realizada a Dinora Mejia técnica y familiar de Asociación Pro-Búsqueda.

“Siendo mujer en este país las cosas, los espacios y las propuestas y lo demás es casi arrancando” (Brenda, 50 años, ODHAG)

¿Cómo puede convivir una sociedad de manera pacífica si las sombras de su pasado siguen afectando su presente? ¿Si los crímenes del pasado no están aclarecidos y sobrevivientes tienen que luchar para recibir resarcimiento y los traumas de pasado siguen afectando a los sobrevivientes? Las historias de Guatemala y El Salvador tienen cosas en común en este sentido. Un total de seis cooperantes del Servicio Civil para la Paz apoyan a organizaciones en estos dos países en su trabajo de memoria histórica y educación en pro del fortalecimiento de estructuras democráticas y una convivencia pacífica. También, la problemática del machismo y la violencia de género son fuertes en los dos países.

En el marco del día internacional de la mujer, el 8 de marzo 2018, presentamos cinco mujeres activistas de las organizaciones del programa regional. Ellas nos comparten sus experiencias de sus luchas para un cambio social, pacífico y democrático en sus países. Su trabajo requiere valentía y perseverancia. Muchas veces enfrentan prejuicios y tienen que luchar y superar las estructuras patriarcales. En cuanto al reconocimiento de su trabajo, el acceso a puestos de alto nivel y la toma de decisiones, tropiezan limites, aunque en el discurso oficial tienen todas las posibilidades.

Cristina, 31 años, presidenta y representante legal de la Asociación Departamental de Jóvenes Kaji B’atz’ / Guatemala

Desde el año 2010, he venido colaborando en la Asociación Departamental de Jóvenes Kaji B’atz’, apoyando a la juventud especialmente a las mujeres jóvenes de Sololá, más que nada en los ámbitos de formación en Derechos Humanos y en la incidencia política. Desde 2012, formo parte de la junta directiva y desde el 2016 soy la representante legal de la asociación.

La asociación Kaji B’atz’ contribuye al cambio social-político de Guatemala en el sentido que concientiza a las mujeres y hombres jóvenes sobre temas de derechos humanos y les motiva a participar en los procesos políticos de su país en favor de los derechos de la juventud y un proceso democratizador.

En nuestra sociedad, se sigue dando la discriminación de género, pero de muchas maneras, desde la posición económica de las mujeres, la diversidad cultural, que le da poca validez a la mujer especialmente si pertenecemos a un pueblo originario.

El campo de trabajo de derechos humanos y derechos de las mujeres jóvenes no es una excepción. A veces es difícil explicar a otras personas que estoy trabajando en la asociación mientras ellos piensan que, como mujer, yo debería estar cuidando la casa y la familia.

Dentro de la asociación, si siento que se toma en cuenta mi palabra y no es tan fuerte la discriminación por ser mujer. Pero si me he sentido algo solitaria, ya que soy la única mujer en la junta directiva de Kaji B’atz’ y dentro de la asociación, por lo general hay más hombres que mujeres participando.

El trabajo de representación en la organización me ha ayudado a contribuir más en la sociedad y me motiva de seguir adelante e invitar a otras mujeres a que se empoderen y participen más. También las formaciones y la experiencia de colaborar en Kaji B’atz’ me han ayudado a compartir más mis ideas con la familia, los vecinos y la sociedad.

Kaji B’atz’: http://asociacionkajibatz.webs.com/

Maria del Carmen, 58 años, coordinadora de la comisión de mujeres de la pastoral social del Vicariato Apostólico de Petén /Guatemala

Mi nombre es Maria del Carmen y soy coordinadora de la comisión de mujeres de la pastoral social a nivel vicariato apostólico de Petén, es decir de las 18 parroquias que conforman el vicariato de Petén.

Lo que para mí refleja la importancia de mi trabajo para un aporte social en mi país es por ejemplo la lucha constante, el empoderamiento y la dignificación de la mujer y la restauración de los valores de equidad de género. Las mujeres aún viven en un mundo muy marcado por el alto índice de mujeres que vivieron la violencia en el conflicto armado interno del país. Todavía viven la violencia intrafamiliar, la violencia contra la mujer; muchas situaciones que atentan contra la dignidad de la mujer. Femicidios cada vez van en aumento. Siguen prevaleciendo el machismo, autoritarismo y patriarcalismo que frenan la participación de la mujer tanto en la vida de la sociedad como de la iglesia, surgen casi en nuestro diario vivir. Hay muertes constantes en nuestro país a pesar de que se resalta la igualdad y dignidad entre varón y mujer.

He visto muchas dificultades en el trabajo: Discriminación, racismo, desigualdad de género, desempleo, muertes constantes, la pobreza, pobreza extrema, falta de atención médica. Momentos positivos en el trabajo eran y son el acercamiento, el encuentro con las mujeres, el desarrollar temas que ayudan a sanar heridas, el tener que acompañar a alguna mujer en busca de apoyo para solventar alguna situación difícil, escuchar a algunas mujeres dar sus testimonios porque han aprendido a defenderse y hacer valer sus derechos, sus valores, la dignidad en todas las dimensiones. Buscamos el empoderamiento a nivel familiar, político, religioso, económico, cultural y social. Estamos defendiendo la vida, tanto de ellas mismas como las de sus familias.

Pastoral Social del Vicariato Apostólico de Petén https://pastoralsocialvap.wordpress.com/

Brenda, 50 años, educadora en el Programa de Memoria Histórica del Área de Cultura de Paz de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG)/Guatemala

Desde hace más que 25 años trabajo en la defensa de los Derechos Humanos y la promoción de una Cultura de Paz. He acompañado comunidades víctimas del conflicto armado interno y a grupos de mujeres.

He tenido diferentes trabajos, pero todos van en la misma línea, la de fortalecer procesos para vivir ciertos valores democráticos, recuperar la Memoria Histórica y fortalecer la paz.

Todo este espacio ha sido ganado por las mujeres y nos ha costado mucho meternos en este trabajo. A mí, una vez en el trabajo, me tocó ser la única mujer en un equipo de ocho hombres. La experiencia fue muy buena, pero tuve que pelear para poder tomar decisiones. No me dejaban ir sola a las comunidades, siempre tuve que ir con un compañero. Después, me tocó coordinar un equipo de solo hombres; había un compañero en particular que decía que como mujer yo no debía darle órdenes y decirle cómo hacer su trabajo.

Hay que rescatar que las mujeres fueron las que mantuvieron a las familias porque los hombres habían sido asesinados, secuestrados o desparecidos durante el conflicto armado interno. Las mujeres se encargaron no sólo de las estructuras familiares sino también de las comunitarias. Por eso el conflicto armado interno marca también esa parte de la participación de mujeres y su empoderamiento a través de la defensa de los derechos humanos, por parte de las que fueron víctimas y las que decidimos acompañar a estas poblaciones. Pero de eso casi nadie habla.

Antes y hoy, hay una falta de políticas de equidad de género en las organizaciones. Eso no ha cambiado y esperamos el momento en que va a cambiar. Es el famoso techo de cristal que no permite que por más preparada que estés, por más habilidades que tengas, accedas a puestos toma de decisiones, te topas, aunque en el discurso se ofrezcan todas las oportunidades.

La otra parte son los niveles de inseguridad y de violencia específica a que estamos expuestas las mujeres, además de la criminalización de defensores – sobre todo de defensoras de Derechos Humanos. Creo que para el sistema es inconveniente que las mujeres se animen y exijan los derechos no sólo de ellas sino de toda una población.

Aún existen muchos estereotipos de mujeres en la defensa de Derechos Humanos porque es romper los esquemas, es romper los roles tradicionales que nos han asignado. Todavía nos ven como mujeres fuera de su espacio. Un estereotipo es que nosotras deberíamos estar en la casa cuidando los hijos y no manejando un vehículo y luego andar por ahí libres. Una vez un señor en el bus me dijo: “Y usted anda sola? Y vaya que su dueño le da permiso.” –  Ni siquiera es tu esposo o compañero sino es tu dueño que te tiene que dar permiso!

Pero también hay cambios positivos. El hecho de que siempre hemos sido más mujeres en esta área de trabajo – por lo menos aquí en la ODHAG – significa que el espacio está abierto, en qué condiciones y como se valora el trabajo de las mujeres es otra cosa. Hay incluso leyes que han avanzado, por ejemplo, la ley de femicidio.

También se nota una mayor incorporación de mujeres en los niveles educativos más altos. Pero falta mucho por hacer todavía. Creo que esta nueva generación de chicas que viene atrás tiene un posicionamiento más radical y eso me parece. Las nuevas generaciones van a lograr estas cosas porque no se puede de otra forma. Siendo mujer en este país las cosas, los espacios y las propuestas y lo demás es casi arrancando, como se la logrado.

Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG): http://www.odhag.org.gt/

 

Dinora, 27 años, contadora y Familiar de la Asociación Pro-Búsqueda de niñas y niños desaparecidos/El Salvador

Yo soy familiar de la Asociación Pro-Búsqueda. Tengo dos hermanos desaparecidos durante el conflicto armado y encontrados por Pro-Búsqueda en Italia cuando ya eran adultos. Tengo un hijo de dos años y trabajo en el área de contaduría en Pro-Búsqueda. Pero más que por eso me identifico por ser referente zonal. Los referentes zonales son aquellos familiares de niños desaparecidos que son elegidos por los demás familiares para representarlos por zona y formar el enlace con el equipo técnico de Pro-Búsqueda.

Viendo los desafíos relacionados con el hecho de ser mujer, pues se puede decir que se suele tomar más en cuenta la opinión y el trabajo de un hombre. Y a veces entre las mismas mujeres hay algunas que creen que lo que el hombre hace es mejor. A veces hay que tomar posiciones fuertes para que te escuchen y te tomen en cuenta. Una vez estábamos trabajando en equipos, por casualidad en un grupo había solo hombres y en el otro solo mujeres. Teníamos que dibujar una casa. Nosotras la hacíamos muy bonita. Cuando compartimos el resultado decían que el dibujo de los hombres tenía más base, y que lo nuestro, en cambio, era puro adorno.

Otra dificultad es el hecho de ser madre soltera. Como no hay nadie como apoyo directo, me toca ser dos en uno. Mi mamá me ayuda a cuidar mi hijo, pero sé que no es su responsabilidad. Y el papá ni siquiera colabora económicamente. Eso me obliga a estar lejos de mi niño durante la semana para poder cubrir lo necesario. La sociedad me critica por no estar con él y me dice que el deber de una madre es estar con su hijo y tener a un hombre a su lado como „pilar de la familia“. Una vez uno de mis compañeros de trabajo no me invitó a un taller de jóvenes por ser un mal ejemplo para los jóvenes. Y te digo, si eso se experimenta dentro de una organización de derechos humanos – con formación en el tema de género –, mucho más se experimenta afuera.

En la parte positiva, yo experimento que como madre yo saco fuerzas a saber de dónde. Como madre, proveedora y luchadora me vuelvo un ejemplo para otros, les muestro que sí se puede. Y en medio del dolor de no poder ver a mi hijo todos los días me voy dando cuenta que siempre saco fuerzas y que tengo tantas habilidades. Al final de cuenta, el ser madre, trabajadora y activista por los derechos humanos me vuelve más fuerte.

Pro-Búsqueda: http://www.probusqueda.org.sv/

 

Verónica Molina, 32 años, asistente administrativa, Ministerio de Salud/El Salvado

Yo trabajo en el área de atención a veteranos de guerra y victimas de graves violaciones de derechos humanos durante el conflicto armado en el Ministerio de Salud. La Unidad monitorea la atención a estas personas en los diferentes establecimientos del Ministerio de Salud. Mi trabajo prácticamente consiste en promover el componente de salud mental relacionado a la Memoria Histórica, que tiene una relación estrecha con el bienestar personal y social. Se busca que los servicios de salud se puedan incorporar y adaptar a la necesidad especifica de las personas, para que tienen una atención más integral.

Yo creo que mi trabajo es importante porque a pesar que el conflicto armado ya tiene más de 20 años de haber finalizado, la salud mental fue una necesidad que no fue atendida. Se ha postergado y se ha tratado de negar esta necesidad. Es importante en parte porque es una medida de reparación de derechos, y en el caso de los veteranos es una medida de reivindicación de sus objetivos de lucha. Hasta ahorita se les está dando la relevancia a su situación de desventaja social.

El sector con el cual trabajamos es mayoritariamente hombres y tienen muchas características de esta masculinidad tradicional, pero hemos coincidido que en el grupo de trabajo somos la mayoría mujeres, mi jefa es mujer. Porque la institución en que trabajamos es muy burocrática, posicionar el tema dentro del sistema ha sido un poco cuesta arriba y un reto bastante grande, el hecho que seamos mujeres las que estamos influyendo en esto. Además, como el ambiente es bastante médico se valida más el criterio de un hombre que de una mujer. Sobre todo, en mi caso que soy psicóloga, se valida más el criterio de un médico psiquiatra que de un psicólogo y mucho menos de una psicóloga. Tratar de incidir en los cambios también creo que ha sido un reto y un obstáculo – la cultura predominantemente médica y masculinizada en el sector. Nuestro trabajo es, más que todo, el monitoreo de los establecimientos (unidad comunitaria de salud familiar, los hospitales). El hecho de que seamos mujeres que vamos a realizar el monitoreo y que eso implica valorar el trabajo de médicos hombres, nos pone en una situación complicada para poder posicionar nuestro criterio. Por otra parte, se da el hecho de desacreditar la opinión por ser mujeres, o incluso el acoso laboral o sexual, en lo particular con mi grupo de trabajo atravesamos una experiencia de acoso laboral, bastante difícil de sobrellevar, pero considero que tomamos el camino correcto de denunciar y ahora vemos buenos resultados.

El hecho de que somos la mayoría de mujeres en el área, de mi unidad de trabajo, aunque en otras áreas trabajan más hombres para mí es un momento positivo para contribuir a una igualdad de género. Esto nos da más fuerza.  Nos apoyamos una con la otra en las propuestas que vayamos haciendo, y considero que esto nos ha dejado experiencias positivas y buenos resultados.

Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI): http://museo.com.sv/es/

 

 

 

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