Beto

Rompiendo con la desesperanza, el mozote 19 años después

Diecinueve años después El Mozote ya no es el mismo, ha cambiado tanto su configuración geográfica y espacial, como la misma visión que se tenia de los hechos históricos.

Pese a las penumbras y desolación dejadas durante el operativo de 1981, la gente ha logrado reconfigurar El Mozote, Cerro Pando y La Joya; las calles que nos conducen por esos lugares parecen no reflejar las atrocidades que se cometieron durante la guerra.

Ocho días de terror

A partir del ocho de diciembre soldados del batallón de Reacción Inmediata (BIRI) Atlacatl, se concentraron en el Municipio de Perquín, departamento de Morazán, con el objetivo de desarrollar un operativo que abarcaría Perquín, Arambala, Joateca y Meanguera. Al mismo tiempo, miembros del batallón Atonal se concentraron en el municipio de Osicala, de donde partieron rumbo al municipio de Meanguera.

En el Cantón Cerro Pando, algunos soldados previnieron a la gente para que abandonara el lugar, porque “los que venían atrás no perdonaban”, refiriéndose al Atlacatl.

Durante el día 11 y 14 de diciembre, miembros del batallón Atlacatl llegaron al Caserío El Mozote, del cantón La Guacamaya, el cantón La Joya, en Cerro Pando y al caserío los Argueta, junto a los miembros del batallón Atonal. En estos lugares catearon, interrogaron y posteriormente, masacraron a la población civil de la zona.

Los hechos sucedidos entre el 8 y el 16 de diciembre de 1981 dejaron como resultado visible alrededor de mil muertos, una zona devastada, deshabitada y la migración obligada de cientos de personas.

Por muchos años se creía que en El Mozote no hubo sobrevivientes y como de la nada surgió el relato de Rufina Amaya, quien daba testimonio de la brutalidad de los hechos y de la forma en que ella escapo de ser asesinada.

Rufina recuerda escuchar a los soldados diciendo, “Ya terminamos con los viejos y las viejas, ahora sólo hay esa gran cantidad de niños que han quedado encerrados. Allí hay niños bien bonitos, no sabemos que vamos hacer”. “ Mamá nos están matando…” es lo último que Rufina recuerda haber escuchado de sus hijos.

Sin embargo, según la información recabada por Pro-Búsqueda, que incluye entrevistas con algunos testigos, incluyendo a expatrulleros que participaron en la masacre, muchas niñas y niños no fuero asesinados, principalmente quienes vivían de inmediatos a Cerro Pando y cuyas vidas dependieron en gran parte de las acciones de los soldados del batallón Atonal.

Hacia el día 13 de diciembre soldados del batallón Atonal sitiaron el cantón Cerro Pando, incluyendo sus caseríos mas cercanos: El Barrial y Los Arguetas; procediendo en ese momento a masacrar a los pobladores de la zona.

Del caserío Los Arguetas un niño fue separado de su familia por un militar, quien se constituye en el primer niño sobreviviente de la masacre del Mozote encontrado por Pro-Búsqueda. “Yo aparté al niño de ese lugar y me lo llevé lejos…”, recuerda ahora el ex soldado; Beto, de seis años, a partir de ese momento anduvo durante tres días más en el operativo, presenciando cada una de las acciones que realizaban los soldados.

Según el militar que rescató a Beto “de ese lugar se bajaron al pueblo entre 10 y 15 niños, menores de 8 años, una unidad de nosotros se encargo de bajarlos y hasta donde se, los encerraron en las bartolinas de la Alcaldía; yo recuerdo a este grupo porque yo curé a una niña de 5 años, chelita, pelo algo amarillo y ojos claros, porque estaba herida de una pierna y esta niña según tengo entendido se la llevó un teniente para Santa Ana”.

Pro-Búsqueda ha logrado determinar que dos grupos de niñas y niños fueron concentrados en Meanguera, uno en las bartolinas de la Alcaldía, y el otro en el convento, quienes posteriormente fueron trasladados en camiones junto a los miembros del Batallón Atlacatl y Atonal hacia sus respectivos cuarteles. Mientras que Beto fue trasladado hacia el cuartel El Paraíso en Chalatenango, primera sede del Batallón Atonal, y posteriormente, asentado como hijo propio por la mamá del mismo militar que lo anduvo consigo durante el operativo.

19 años después… el reencuentro

Algunas veces recordar el pasado suele ser muy doloroso para cualquier persona, otras veces el pasado nos lleva a cuestionarnos las accione que hicimos y las que dejamos de hacer.

Esto suele suceder principalmente con las personas cuyo entorno vital, durante los años 80, estuvo constituido por violencia, muerte y desesperanza.

Recordar lugares como El Mozote, Sumpul, El Calabozo y El Rion súbitamente nos refleja el dolor, la angustia y los cientos de niñas y niños, hombres y mujeres, cuyas vidas fueron arrebatadas innecesariamente.

José Gilberto Martínez Guevara, actualmente conocido como Adalberto Henríquez Ortega, se encontró con su madre, su padre y sus hermanos, luego de 19 años de separación.

Beto como era conocido y se conoce actualmente, es ahora el joven que de niño fue desaparecido por elementos del Ejercito durante la masacre de El Mozote.

Entre lágrimas, abrazos e incredulidad para muchos el 28 de mayo, Beto parecía volver a una niñez no vivida, sus lágrimas y sonrisa podían decirnos más, y es que 15 días antes Beto era todavía en la memoria de sus padres uno de los cientos de personas que fueron masacradas en 1981; “todavía en vacaciones de Semana Santa estuvimos recordando a Beto, nosotros lo hacíamos muerto” comenta ahora Senobio Guevara, el padre biológico.

La colaboración de ex soldados ha permitido determinar el paradero de algunas niñas y niños.

En el caso de Beto, la colaboración de 5 ex soldados y un oficial del batallón Atonal permitió reconstruir los hechos.

Su información abona el camino hacia la verdad, la reparación y la reconciliación en nuestro país. El caso de Beto da fe de ello.

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