Emiliano, avalancha de reencuentros, esperanzas y nueva vida

“Cuando vi a mi mamá me emocioné mucho, era una emoción que no pude explicar bien”.

Después de haber sido separado por 17 años tras su adopción a Francia, entre nervios, emoción, intercalando su hablar francés con el español, Emiliano abrazaba nuevamente a su madre el doce de marzo de 1998, el día de su reencuentro.

Hijo de padres campesinos, a sus seis años crecía entre árboles, pescando junto a su padre en el río Lempa, montando a caballo para ir a trabajar la milpa. Sin embargo, el 22 de octubre de 1981 todo cambió. La vida de Emiliano comenzó a sufrir una serie de cambios que lo llevarían hasta Francia, separándolo de su familia.

“Cuando me perdí fue muy triste para mi, porque antes de eso le decía a mi papá que tenía hambre, sed, que quería comer, porque hacía cuatro días que no habíamos comido”.

En los días lluviosos de 1981 la familia de Emiliano huía de un operativo militar desplegado n el Cantón Las Piletas, Berlín, Usulután. Después de 22 días de huir entre montañas, sin comida, bajo la lluvia, María Gladys Valladares logró sobrevivir junto a la mayor parte de sus hijos, pero Emiliano no estaba, se había perdido.

“Cuando íbamos huyendo me quedé comiendo tomates salvajes, comía y comía tenía mucha hambre. Pero cuando levanté la cabeza sentí como las balas pasaban cerca de mi, en ese momento me di cuenta que estaba solo y que papá y mamá ya no estaban, ellos pensaron que yo iba siguiéndolos, así me quedé solo en se lugar”.

El instinto de sobreviviencia le indicó a Emiliano que era más seguro caminar de día, sólo hacia delante porque si volvía atrás encontraría soldados. La lluvia le había desgarrado la ropa y caminaba entre la maleza en calzoncillo, sangrando por las heridas que le hacían las espinas, durmiendo en las cuevas de cusuco (armadillo), impresionado al ir encontrando mucha gente muerta.

“Tenía miedo de la noche, llovía y llovía; tenía miedo que me picara alguna culebra, que me apareciera la sihuanaba, el diablo; m daba miedo ver tanto muerto, me daba miedo que se levantaran.” Después de ocho días de llorar y buscar a sus padres encontró una patrulla de soldados, quienes lo trasladaron al cuartel de Usulután.

Los duros cambios de la vida de Emiliano habían comenzado. Luego de haber permanecido en el cuartel de Usulután fue trasladado al Centro de Menores Rosa Virginia Peletiere, donde permaneció durante dos años. Al cumplir ocho años fue trasladado al Centro de Observación de Menores (COM), en donde tuvo que aprender a defenderse de los niños más grandes que lo molestaban. “Esto era duro para mí, porque venía cambiando de vida, de costumbres, cambiaba de gente, cambiaba de educación”. Durante su permanencia en el COM Emiliano es declarado en estado de abandono y en 1986 es dado en adopción a una familia francesa.

“Cuando llegue a Francia tenía muchos problemas para habituarme al clima, a la comida, a la gente, porque la gente te mira con ojos de extraños y te pregunta de donde vienes; es un problema cuando te separan de tu familia a los ocho años porque ya tienes una cultura, las costumbres de tu familia…fue muy duro para mi”. Así explica Emiliano su llegada a Francia. Luego de pasar un año aprendiendo su nuevo idioma Emiliano inició sus estudios y actualmente trabaja como supervisor de calidad en una fábrica de carnes.

El Reencuentro

En un viaje que Emiliano emprendió en 1997 a El Salvador, para intentar localizar a su familia, contactó con la Asociación Pro-Búsqueda, quienes tres meses después podían comunicarles que habían encontrado a su madre. Las investigaciones dieron sus frutos rápidamente en este caso.

“Después que supe que encontraron a mi mamá me puse muy alegre, lloré mucho de pensar en los 17 años que habían pasado y me dije que ya no era huérfano porque había encontrado a mi mamá y sabía que no estaba solo… me sentí en las nubes”.

El día del reencuentro llegó y nos encontramos con un Emiliano, que aunque nervioso y ansioso por ver a su familia, fue recordando rápidamente su idioma y que expresaba de manera espontánea el cariño que le había guardado a su madre… “Yo sabía que algún día iba a salir de Francia y venirme a El Salvador, porque a mi país lo extraño mucho allá; que alegre es saber que tengo dos familias”, decía Emiliano entre cortando su voz por la emoción.

Emiliano regresó a Francia con la idea de seguir visitando a su familia salvadoreña, con muchas esperanzas de poder regresar y establecerse algún día en nuestro país. “Tengo pensado e el futuro trabajar aquí, vivir y morir aquí. Yo sé que mi vida tiene que cambiar, tengo que vivir en El Salvador para sembrar mi vida aquí también, cambiar porque mi vida se ha hecho de muchos cambios”.

Emiliano fue uno de los más de seis jóvenes que entre marzo y abril de este año lograron reencontrase con su familia. Tuvimos una avalancha de trabajo por los reencuentros que se dieron, pero a la vez tuvimos una avalancha de alegría, de satisfacción de saber que nuestro empeño en las búsquedas continúa dando frutos. Pero faltan jóvenes que encontrar, faltan corazones que alegrar…por eso seguimos en búsqueda.

June 20, 2009