Guadalupe vuelve a casa

El 27 de septiembre de 1980, efectivos militares de la Cuarta Brigada de Infantería, con sede en El Paraíso, asesinaron a la señora Rosa Emilia Ramírez, madre de María Guadalupe Ponce Ramírez y de ocho niños más, cuando soldados realizaban un operativo de tierra arrasada, en el cantón San José, jurisdicción de Tejutla, departamento de Chalatenango.

En los mismos hechos fueron asesinadas otras cuatro personas. A raíz de los asesinatos y de las escenas de terror, la población civil del cantón San José, como de otros cientos de comunidades, despobló el mismo y se albergaron en varios refugios que aquella Iglesia Católica compasiva y servidora, de Monseñor Romero y Monseñor Rivera, abriera en San Salvador.

En esta situación, el señor Pedro Ponce, padre de María Guadalupe, resguardó a sus nueve hijos en el Refugio San José de la Montaña. Preso de la desesperación, ante el asesinato de su esposa, don Pedro decidió confiar el cuidado de su hija Guadalupe a una religiosa que trabajaba en el refugio, cuando la niña tenía unos 7 años de edad, pero cuando don Pedro vino a reaccionar de su decisión de entregar a su hija era muy tarde. Fue ese el hecho que marcó el rompimiento de los lazos familiares entre Guadalupe y su familia, quedando desde entonces en calidad de niña desaparecida.

Por otro lado, con la esperanza de buscar un nuevo horizonte y ponerse a salvo de la guerra en El Salvador, emigraron hacia Guatemala cinco de los hijos de don Pedro Ponce, quien, además, fallecería, por causas naturales, poco después de finalizada la guerra.

Tiempo después, en el año 2007, tanto María Guadalupe como su familia biológica acudieron a las oficinas de Pro Búsqueda para interponer una solicitud de búsqueda, de ahí que tanto Guadalupe como sus hermanos se estaban buscando mutuamente.

La localización fue muy rápida, ya que Guadalupe conserva íntegros sus nombres y apellidos, pero dada la seriedad del proceso investigativo de Pro Búsqueda hubo que esperar los resultados de las pruebas de ADN para confirmar científicamente los lazos consanguíneos que unen a Guadalupe con sus hermanos.

Así, el 31 de enero de 2009, los hermanos de Guadalupe vistieron la casa de doña Mercedes y don Salvador Ponce, tíos paternos de la misma, en el cantón San José de Tejutla, de globos y alegría para recibir a su hermana. Tres de los hermanos llegaron de Guatemala, Santos, Mario y Arturo, se hacían acompañar de sus esposas e hijos. Especial era la presencia de Margarita, hermana discapacitada de María Guadalupe que todo este tiempo la ha recordado como “la niña”.

Esa última mañana de enero, Guadalupe, viajó en compañía del equipo psicosocial de Pro Búsqueda y de algunos amigos, desde su lugar de residencia en Lourdes, Colón. Llevaba con ella la mejor cosecha de su vida, a sus dos hijas: Karina y Katherine. Y desde que bajó del carro comenzó su terapia de abrazos, besos, sonrisas y presentaciones, que se extendieron por más de dos horas. Sus hermanos, tíos, primos y vecinos acudieron en masa para darle la bienvenida al hogar que siempre la amó y para recordar cómo habían sido las cosas.

Sin duda el momento culmen del reencuentro fue cuando Guadalupe en compañía de sus hermanos visitó el cerrito donde estaba su casa y donde fuera asesinada su mamá. El lugar tiene una vista dominante en el horizonte, con el impresionante complejo montañoso del cerro El Pital como un altar, abundantes palos de jocote, nance y guayaba custodian la cima donde estuvo edificada la casa de la familia Ramírez Ponce. Todos en el grupo se volvieron aprendices de arqueología para verificar dónde estaba la casa. Las pilas de la vivienda seguían ahí, incólumes, pese a los años, solo faltaba el agua… La escena se vuelve solemne cuando uno a uno todos los hijos se reúnen en torno a la tumba de la madre, custodiada por piedras de río, para contarle, sin hablar, que su hija, la Lupita, ha vuelto…el mayor de los hijos, Arturo, toma la palabra y dirige una acción de gracias a Dios por el milagro…

Después de 28 años de su separación a consecuencia del conflicto armado María Guadalupe Ponce Ramírez pudo reencontrarse con sus hermanos: Mario, Santos, Arturo y Margarita, en el mismo escenario donde su madre fue asesinada, y desde el cual Pro Búsqueda se une a esta celebración de las víctimas y expresa su demanda de una justa reparación para estos hermanos y para todas las víctimas de desaparición forzada en El Salvador.

Julio 3, 2009

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